jueves 17 de septiembre de 2009

ESAS BLANCAS PALOMAS MENSAJERAS



De chica me enseñaron el valor de la correspondencia escrita. Conocí el caudal de emoción que se desprendía de las manos de mis padres cuando llegaba una carta con todo lo que ella traía. Cosa de inmigrantes dirás vos. Lo cierto es que aprendí que el amor, con lo que lleva implícito de felicidad y dolor, también puede vivenciarse a la distancia, sin el calor de un abrazo, o el sonido del latir, cuando no existe otra posibilidad. De allí su enorme poder.

El tiempo que una carta tardaba en llegar desde o hacia Europa era de aproximadamente treinta días según cómo la hubiesen enviado: por barco o por avión, simple o expreso y, cuanto hubiesen gastado en ello. Por lo tanto las noticias se esperaban interminables semanas y las realidades podían modificarse entre un ida y vuelta VIA AEREA a sobre cerrado.

Llegaban cartas con noticias importantes, casamientos, nacimientos, muertes y de las otras, las cotidianas, de esas que refuerzan los afectos de los que tuvieron que separarse por esas cosas del destino. También el ritmo de la correspondencia anticipaba una noticia. Si algún familiar o amigo enfermaba y su contestación tardaba en llegar, generaba un silencio angustiante que predecía el desenlace fatal que rara vez fallaba.



Un punto aparte merecen los telegramas que llegaban esporadicamente trayendo en sus escuetas lineas novedades más que importantes. Los que más me gustaban eran los de lujo para las bodas. Su papel era más delicado, escrito con tintas doradas y palabras especialmente elegidas para la ocasión. Esa paquetería era el mejor modo de estar presente como vestido de gala para la fiesta.


Mis parientes polacos solían adornar las hojas blancas con guardas de flores secas que conservaban sus colores o con figuras de papeles brillantes recortadas cuidadosamente con detalles folclóricos.


Un momento de gloria familiar sucedía cuando llegaban fotos apretaditas y prolijamente guardadas entre la carta y el sobre. Primero fueron en blanco y negro, luego en colores. En ellas se observaba con detenimiento que bien se lo veía a tal o cual, cuanto habían crecido los sobrinos o los nietos y también se adivinaba un dejo de tristeza en alguna sonrisa impresa.


Las familias italianas tenían por costumbre fotografiar a sus muertos y enviar fotos del velatorio. En una oportunidad recuerdo haber presenciado a un fotógrafo subirse sobre una silla cercana al ataúd para lograr el mejor ángulo del difunto arreglado para la ocasión. A pesar de mis escasos años esa situación me pareció, por decirlo con delicadeza, de una morbosidad innecesaria.


Aprendí que los sobres se deben abrir con cuidado por el borde más lejano a las estampillas, las cuales tenían un tratamiento especialísimo. Aquellas pequeñas obras de arte tenían un valor inapreciable porque pasarían a formar parte de la
colección filatélica de papá. Éste era el procedimiento que nos ocupaba largas horas del domingo:
Luego de recortarlas las poníamos en remojo por un par de horas para despegar restos de sobre; las colocábamos sobre un lienzo y una vez secas las observábamos detalladamente para pegarlas según el país de procedencia, año de emisión y serie a la que correspondía, sobre hojas cuadriculadas, adosándole en el centro de su cara posterior un papel adhesivo doblado por la mitad con el que quedaban prolijamente pegadas. Demás está contarte el embelezo que me provocaban. Eran bellísimas. Las había folclóricas, florales, deportivas, de animales y plantas, de reyes y personalidades destacadas. Todas inevitablemente debían conservar el sello del correo sino perdían, para mi injustamente, todo su valor.


Era importante tener buena caligrafía para que el escrito fuese entendible en su totalidad. Recuerdo largas tardes en mis primeros años escolares adiestrando mi mano derecha para lograr un trazo redondo sobre papel cuadriculado, tinta y plumas con distintas puntas. Hoy reconozco que tenía su razón de ser el esfuerzo. Era lo que debía hacerse para mejorar, hasta comenzar a sentir placer por los logros más allá de que los dedos quedasen manchados de azul entre tantas consonantes eslavas y vocales latinas que me acompañaron para siempre.



Guardo en mi cofre de recuerdos una carta escrita por mi padre a su madre desde la trinchera durante la Segunda Guerra Mundial con fecha 4/IX/44. En pocas palabras que logro leer le pide que se quede tranquila, que estaba bien...
Cuando él enfermó y su mano derecha dejó de pintar, de dibujar, de escibir y se transformó en una garra rígida y fría, yo escribía en su nombre las cartas a Polonia, llenas de errores ortográficos pero cargadas de un amor inmenso e incondicional como el que sigo sintiendo al evocar esta tarde.

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viernes 7 de agosto de 2009

LA JOVEN DE LA PERLA


Hazlo tú, dueño mío.

Dulce dolor me prodigas
que hiende mi lóbulo con urente filo
de tu huella imborrable.

Que sean las manos tuyas
en mi gota que sangra y nos pacta
al silecio nacarado de las perlas.

Pinta la azucena que me habita
el cisne de rosado cuello
los hombros aún vulnerables.

Sean tus ojos fulgor de mis latidos
al roce de una lágrima y de mi boca.

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(Óleo renacentista de Johannes Vermeer, Holanda, año 1665)
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jueves 9 de julio de 2009

FUEGO


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Crispa el fuego
la descarnada danza de las brasas
con sus medusas azules serpentinas
su fuelle de chispas doradas.
Cruje aguda la leña
sobre la pronta sequía de la rama
sus signos interrogan sin pausa
en su extaño idioma de fragua.
Fuego sabio, voluptuoso, sagrado
deshace con su lengua gloria y escarchas
y en su ardor mi ardor fiel consume.
crá crú tá
capí ta tá
en su lenguaje primitivo, hechiza y labra
sin opuestos su promesa igualitaria.
Último abrazo, íntimo y secreto
hasta ser de él y en él
cresta de su llama
su aliento incendiario
su ingávida migración
de mariposas escarlatas.

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miércoles 29 de abril de 2009

PALABRAS INSUFICIENTES


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¿Cómo salgo del mutismo poético
en el que me recuestan tus versos...?



Estoy rodeada de palabras inútiles,
huyen, resbalan,
se esconden burlonas detrás de otros dueños.


Quizás inefable se aproxime a lo que siento.


Pero la observo y no vibra con el impulso de mi sangre
ni tiembla como la caricia que se me escapa
ni se entreabre llena de anhelo.
¿O tal vez si, amor... y yo lo niego?


Ya nada sé. Nada comprendo.


Desde que me calcé tu sombrero
una luz inmensa me habita
y se expande tanto fuera de mi
que amanezco las sombras y me desvelo.


Pero como cada lado tiene su opuesto
se me ha dado por comprender todos los idiomas
hasta los gestos me hablan y yo les contesto
desde el más sociable de mis silencios.


En éste tiempo llegué a comprender como nunca
de la adoración su misterio
de la contemplación el ocio
del arte el secreto.


Por eso me conmueve éste poema incompleto.
Y aunque ya con más aceptación
siento responsables de ello
a las palabras insuficientes
y a la magia de tu sombrero.

lunes 20 de abril de 2009

LOS SUEÑOS,esos humanos....

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I
¿Quién más que el hombre sueña y sonríe?


II
Los sueños nos enseñan
que entre la realidad y la fantasía
hay un paso ineludible llamado ansia.


III
Dime tus sueños y te diré quien eres.
Dame tus sueños y me convencerás.


IV
La mano negra estranguladora de sueños nos pertenece.
Ajusta como nadie.


V
La senda de los sueños apenas reconoce
la mirada de lo imposible.


VI
Imaginar
no es lo mismo que soñar con los ojos abiertos.
Se imagina desde la mente
se sueña con el corazón.


VII
El sueño es la metáfora de la imaginación.
Su vuelo más alto.


VIII
Provócame un sueño y tolera su desenlace.


IX
Los sueños no caducan.
Se los retoma cuando reaparecen.


X
Recordar los sueños juveniles en la madurez
puede tener el sabor de la derrota
aunque los hallamos sobrevivido.


XI
Las pesadillas son el sitio donde las sombras
hablan su extraño idioma.


XII
Los sueños tienen alma en su ingravidez.
Acaso el alma ¿no es un sueño ingrávido?


XIII
Los sueños que se realizan dejan de ser sueños.
Son pequeñas muertes que se anticipan con alegría.


XIV
El mejor consuelo es un sueño de a dos.

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viernes 6 de febrero de 2009

ACASO UN IMPROPERIO


mi pecho se enardece
ante la señal que traes contigo


tu boca decide el rumbo
altivo perdrigòn que lacera mis oidos
con las ciénagas que llevas dentro


me cantan tus doncellas sus desvarìos
me convence el grito del vigìa
que descubre la costa salvaje y suda


agua, dèjate beber, ahora
¡Ay de los los paraìsos
libados al regreso de las horas ...!
estàn todas mis bocas
todas mis lenguas en una sola


y lo aprehendido es càscara, yema, manos
al devenir de un òvulo circunciso e infecundo
que se enreda entre tus peces que lo visten de saturno
y me desnudan


apenas te conozco diluida
apenas me reconozco





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sábado 11 de octubre de 2008

VEO ROJO

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rojo de todos los rojos, único,
aterciopelado y barbado rojo


rojo de puentes, de transeúntes, roja lava de volcanes
confesionarios rojos, los cardenales
bebés de labios rojos, pezones congestivos y rotos


rojo de calles de baldosas amanecidas
bòvedas de corales
rojo los ocasos soñados que acaban en suspiros ahhhhhh...


rojo porque sí, por el vino bebido y por lo que queda
porque la existencia es toda roja desde mi psciodèlica retina


veo rojo (o colorado) por donde me mueva o vayas


se me antoja pintarme de rojo la falda ceca y cara
la blusa, la boca, las uñas, las medias, la nuca, las ganas
la sombra, el paraguas, todos los vidrios de las ventanas


rojo de sandías y de sandalias con un leve toque de naranjas
gajos frescos, frutillas almibaradas
tierra misionera bermellòn y cascada


roja pasión rubicunda, afiebrada, uffff...
claveles que se averguenzan de la nada
rubíes ornamentales, hormigas rojas, alazanes
humeante pimentón dulce en salsa, corazòn y tomate